Placer cotidiano no. 10
Hace más de un mes que no escribo, y podría poner
muchos pretextos, pero la verdad creo que sencillamente no me he tomado el
tiempo, no me he regalado el placer de escribir.
Para mí éste siempre ha sido un placer, sin importar que,
para quien, o sobre que escribo, casi siempre lo disfruto. Me parece que redactar
un texto tiene ese encanto que sienten los arquitectos cuando diseñan. Me gusta
aprender nuevas palabras, nuevas concepciones, buscar significados explícitos y
significados ocultos en las frases que escucho o leo, me gusta leer y dicen que
la lectura te induce a escribir.
Pero creo que en particular lo disfruto porque no soy
muy buena para hablar y el escribir me da la oportunidad de pensar dos veces lo
que quiero expresar, siempre puedes releer y corregir un mensaje escrito antes
de que sea enviado a su destinatario.
Este es uno de los placeres cotidianos que yo en
particular disfruto mucho, pero estoy convencida que puede ser disfrutado por
todos. Quizá no quieres escribir un libro, o publicar un blog, pero quiero
darte algunos ejemplos en los que escribir puede ser un placer.
Hay ocasiones en las que quieres comunicar a alguien un
sentimiento intenso, cuando estás feliz por el logro de una persona que
quieres, cuando tienes que dar una noticia muy importante, cuando ha pasado
mucho tiempo y quieres decirle cuanto lo(a) quieres, o incluso cuando estás muy
triste o enojado.
Cuando la emoción es mucha puede ser difícil hablarlo o
sientes que no alcanzas a expresar la intensidad tus pensamientos y
sentimientos, entonces puedes escribir. Redacta una nota y esto te ayudará a
poner en orden las ideas, los sentimientos, las frases que debes usar; no
importa si ese escrito lo entregas o solo lo usas para preparar tu “discurso”.
Cuando quieres entender mejor algo que leíste, que
escuchaste, que presenciaste, que viviste, y sientes que necesitas procesarlo,
entonces también puedes escribirlo aunque este texto sea solo para ti.
El otro día escuchaba a un maestro de primaria platicar
un ejercicio que hace con sus alumnos, después de contarles alguna historia o de
leer un libro les pide escribir lo que entendieron y lo que sintieron, los hace
describir como se imaginaron al personaje o el escenario de la historia, todo
esto con el fin de ayudar la comprensión y practicar la redacción.
Entonces pensé que ese placer de escribir deberíamos de
enseñarlo a nuestros hijos en casa, acostumbrarlos a escribir sus ideas, sus
pensamientos, y como el mejor maestro es el ejemplo, escríbeles una carta de
vez en cuando, redacten juntos notas de felicitación o de agradecimiento. Y por
favor, si te enseñan algo que ellos redactaron léelo con atención y dale tu
opinión sincera al respecto.
Quizá estarás estimulando a un futuro escritor, y si
no es así de todos modos les inculcaras una buena práctica, porque escribir es
un placer pero también es una herramienta útil para la vida.
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