sábado, 15 de febrero de 2014

El placer de despertar

Placer Cotidiano No. 5

El placer de despertar.


Convertir el despertar en un placer es una cuestión muy complicada. Confieso que hay muchas mañanas en los que me parece que el aire que esta sobre mi cuerpo se siente como si fuera una pesada loza, y necesito hacer un gran esfuerzo para quitármela de encima y así levantarme para empezar el día.

Casi siempre siento que me falta sueño, que no dormí lo suficiente, que necesito descansar un poco más; y con los ritmos de vida que se manejan en estos tiempos, supongo que a muchos les pasará algo parecido. Pero también de eso se tratan los placeres cotidianos, buscar algo que pueda hacer disfrutable ese momento.

Uno de estos días en la radio escuche una de las intervenciones de Gaby Vargas donde hablaba del regalo cotidiano de la vida. No les voy a describir el comentario, solo le voy a tomar prestada una frase que propuso para decirnos todos los días: “Amo comprobar lo que la vida me ama”; al escucharla pensé en la hora de despertar como el momento perfecto para decirnos esa frase.

Precisamente cuando abres los ojos y te parece tan difícil despertar, ese momento es el espacio idóneo para recordarnos que el solo despertar es una bendición. Lo visualice como un momento placentero en el que te das cuenta que tienes otra oportunidad para hacer lo que tú quieras, para darle amor a tus seres queridos, para recibir su amor, para ser productiva o productivo, para jugar, para reír, para llorar, para seguir viviendo.  

Recuerdo a mi abuelo en sus últimos años, en esos días en los que con sus muchos dolores se paraba de la cama despacito, con calma, y buscaba a tientas las pantuflas con sus pies. Con esa misma paciencia se paraba a hacer cosas, pues hasta que pudo el todavía escribía, mandaba cartas, leía, escuchaba noticias, conversaba, veía tele, salía a caminar, visitaba gente, recibía visitas; todo lo que su cuerpo le seguía permitiendo, el lo hacía. Me parece que el disfrutaba de los días que le quedaban y usualmente despertaba con una sonrisa.

Pero no quiero hablar solo de quimeras, también debo decir que ayudaría mucho darle a nuestro cuerpo suficiente descanso, cenar ligero, hacer ejercicio, apagar la tele más temprano, éstas son solo algunas cosas que pueden ayudarnos a tener un sueño más reparador. Y si logramos descansar mejor, seguramente también será más fácil despertar placenteramente.


No creo que el despertar pueda ser un placer de todos los días, pero no perdemos nada con intentarlo, y si lo lograramos seguramente nuestros días serían mucho mejores. 

Y si lo pienso mejor no suena descabellado, ya que el despertar es simple y sencillamente el regalo de la vida.

domingo, 2 de febrero de 2014

El placer de comer un chocolate

Placer Cotidiano No.4

El placer de comer un chocolate.


Dicen los que saben que al comer chocolate nuestro cuerpo libera endorfinas, que son hormonas que el cuerpo libera provocando una sensación placentera cuando hacemos algo bueno para nuestro organismo, como hacer ejercicio, compartir un rato con amigos o practicar el sexo. Es por esto que cuando nos sentimos tristes o deprimidos se nos antoja comer un chocolate.

El chocolate puede ser un relajante natural por las endorfinas, contiene antioxidantes que son buenos para la piel y nos protegen de algunas enfermedades, el cacao además es rico en minerales y en vitaminas del complejo B; y se dice que las grasas que contiene no son de las que aumentan el colesterol malo en la sangre.

Aunque el comer chocolate es un placer, en esta ocasión yo les quiero dar algunas ideas para que este no se convierta en un placer culposo, por aquello del exceso de azúcar y grasa que casi siempre andamos cuidando.

El chocolate oscuro, amargo o semi-amargo es tan rico como el chocolate con leche, pero tiene menos calorías, menos azúcar y menos grasa que este, contiene más porcentaje de cacao, que es el componente que lo hace ser un chocolate. Mientras que el chocolate blanco es el que más azúcar, más grasa, y menos cacao contiene.

Todo esto es información adicional tomada de algunos artículos que he leído, pero a mí me parece que comernos un pedacito de chocolate oscuro puede convertirse en un buen postre para los niños de la casa, y para los no tan niños, un ligero tentempié para la tarde, o un rico regalito para los amigos.

Yo no creo que nadie pueda refutar que comer un chocolate nos provoca pequeños momentos de placer, lo que lo hace entrar perfectamente en el tema de los placeres cotidianos que podemos darnos para hacer nuestros días un poquito más felices.