Placer Cotidiano No. 5
El placer de despertar.
Convertir el
despertar en un placer es una cuestión muy complicada. Confieso que hay muchas
mañanas en los que me parece que el aire que esta sobre mi cuerpo se siente como si
fuera una pesada loza, y necesito hacer un gran esfuerzo para quitármela de
encima y así levantarme para empezar el día.
Casi siempre siento
que me falta sueño, que no dormí lo suficiente, que necesito descansar un poco
más; y con los ritmos de vida que se manejan en estos tiempos, supongo que a
muchos les pasará algo parecido. Pero también de eso se tratan los placeres
cotidianos, buscar algo que pueda hacer disfrutable ese momento.
Uno de estos
días en la radio escuche una de las intervenciones de Gaby Vargas donde hablaba
del regalo cotidiano de la vida. No les voy a describir el comentario, solo le
voy a tomar prestada una frase que propuso para decirnos todos los días: “Amo
comprobar lo que la vida me ama”; al escucharla pensé en la hora de despertar
como el momento perfecto para decirnos esa frase.
Precisamente
cuando abres los ojos y te parece tan difícil despertar, ese momento es
el espacio idóneo para recordarnos que el solo despertar es una bendición. Lo visualice
como un momento placentero en el que te das cuenta que tienes otra oportunidad
para hacer lo que tú quieras, para darle amor a tus seres queridos, para
recibir su amor, para ser productiva o productivo, para jugar, para reír, para
llorar, para seguir viviendo.
Recuerdo a mi
abuelo en sus últimos años, en esos días en los que con sus muchos dolores se
paraba de la cama despacito, con calma, y buscaba a tientas las pantuflas con
sus pies. Con esa misma paciencia se paraba a hacer cosas, pues hasta que pudo
el todavía escribía, mandaba cartas, leía, escuchaba noticias, conversaba, veía
tele, salía a caminar, visitaba gente, recibía visitas; todo lo que su cuerpo
le seguía permitiendo, el lo hacía. Me parece que el disfrutaba de los días que
le quedaban y usualmente despertaba con una sonrisa.
Pero no quiero
hablar solo de quimeras, también debo decir que ayudaría mucho darle a nuestro
cuerpo suficiente descanso, cenar ligero, hacer ejercicio, apagar la tele más
temprano, éstas son solo algunas cosas que pueden ayudarnos a tener un sueño
más reparador. Y si logramos descansar mejor, seguramente también será más
fácil despertar placenteramente.
No creo que el
despertar pueda ser un placer de todos los días, pero no perdemos nada con
intentarlo, y si lo lograramos seguramente nuestros días serían mucho mejores.
Y si lo pienso
mejor no suena descabellado, ya que el despertar es simple y sencillamente el
regalo de la vida.
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